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Posted by on jun 9, 2014 | 0 comments

UDIS, billetes azules para un barrio de Cuenca

UDIS, billetes azules para un barrio de Cuenca

En en cantón de Sinincay, Cuenca, Ecuador, circularon durante un tiempo los UDIS, una moneda local en billetes. Aunque un cambio legislativo ha dejado la iniciativa parada por ahora, los promotores de esta experiencia valoran positivamente el impacto mediático y didáctico que tuvo. Miles de persona tuvieron su primer contacto con una moneda complementaria y muchas más aprendieron que otro dinero es posible.

Las monedas alternativas buscan la fórmula de un nuevo medio de valor e intercambio que no tenga estos problemas y, a la vez, el mundo esta lleno de monedas sociales en que el objetivo no es contrarrestar todos estos efectos adversos, y esta experiencia es un ejemplo de ello.

En este caso, como en muchos otros, el objetivo es dar un impulso a la economía local. No deja de ser una alternativa al carácter globalizado del dinero. La globalización en las últimas décadas viene caracterizada por la libre circulación de capitales (no así de personas). Esto permite la mundialización de los procesos productivos y mercantiles y, en particular, el desplazamiento de la producción a donde la explotación y la contaminación son más baratas. Se dificulta la supervivencia de las economías locales y las empresas pequeñas.

Aunque se trate entonces de neutralizar algunos efectos negativos del dinero, las experiencias como la que vamos a contar aquí corresponden a una visión más (auto)asistencialista de ayudar a mejorar las condiciones económicas locales, y más estrecha, entendiendo el aumento de ingresos como vía para la mejora del bienestar. Una visión parcial, superficial, en contraposición a otras experiencias como el CES, concebidas desde un planteamiento más profundo.

Desde la fundación Pachamama, una de las promotoras de los UDIS en Ecuador, se inició este proyecto con un enfoque más ambicioso. Se pretendía buscar cooperativas financieras que emitieran un dinero alternativo como crédito y que a la vez lo aceptaran como pago de las cuotas. Este crédito sería a interés mucho más bajo que el habitual y se esperaba que con ayuda de campañas para su promoción los UDIS empezaran a funcionar en la economía local. La moneda local en este diseño no podría intercambiarse por moneda nacional y por lo tanto cumpliría la función de reemplazarlo para la circulación en un circuito local de comercios y negocios asociados en una red.

Pero Ecuador es un país dolarizado y en ese contexto es muy complicado echar a andar una moneda alternativa. La experiencia de los UDIS estaba bajo el punto de mira de los medios, se les acusaba de querer desdolarizar Ecuador y, además, en este país que perdió su moneda, la falta de confianza dificulta la aceptación de un medio de pago que no este totalmente respaldado por un dinero oficial, en este caso, necesariamente, el dólar. El sistema que se puso en marcha, por lo tanto, no era en crédito, sino basado en el prepago. Los UDIS se compraban con dólares y eran intercambiables. Una cooperativa de crédito, en este caso la Cooperativa Integral era la emisora de billetes. Quien quisiera podría acudir a ella para cambiar dolares por UDIS o UDIS por dólares. La base para la circulación de estos billetes era una red de pequeños productores y comerciantes del barrio que aceptaban estos billetes como forma de pago.

Para dar a conocer la iniciativa, la Cooperativa Integral organizaba mercados en los que la gente podía paga con UDIS e incluso obtener descuentos respecto al precio en dólares. Cualquier persona podía cambiar sus dolares por UDIS en el mercado mismo y también volver a cambiar a dolares al final. El objetivo era que los UDIS se utilizaran también en intercambios entre los feriantes y que al final de la feria no todos los UDIS se canjearan por dolares, sino que parte quedara en circulación en el barrio. Fuera de los días de feria los negocios de la red seguirían aceptando lo UDIS y la Cooperativa canjearía los UDIS en cualquier momento en sus oficinas.

Los pequeños productores beneficiarios del proyectos estaban satisfechos. Las ferias aumentaban sus ventas y si se encontraban con exceso de UDIS podían cambiarlo por “dinero de verdad”. Los billetes circulaban tímidamente fuera de la feria, pero como los propios impulsores reconocen, los UDIS acabaron siendo prácticamente una moneda de feria. Una moneda de feria muy cara en cuanto a sus costes de implementación. La cooperativa integral en Cuenca, la fundación Pachamama desde Quito y la fundación STRO con su sede central en Holanda financiaron los billetes de alta calidad y con todas las garantías de seguridad, la organización y promoción de los mercados, abundantes capacitaciones a los participantes de la red y un alto coste en “mano de obra de oficina” entre promotores, impulsores, consultores o como les queramos llamar de todas estas entidades sin ánimo de lucro; todo al servicio de una red reducida de productores que no se apropió lo suficiente de esta iniciativa como para organizarse en defensa de su continuidad cuando una nueva ley se llevo por delante a esta experiencia.

Ecuador, con uno de los gobiernos más carismáticos del “socialismo del siglo XXI” latinoamericano, es uno de los países pioneros en contemplar la economía social legalmente y en regularizarla en vez de dejarla en un limbo alegal como ocurre en muchos otros lugares. Regularización mediante, se decretó que las monedas complementarias no podían ser emitidas por un ente financiero sino por asociaciones y ahí llegó el problema, ya que los UDIS son emitidos por la Cooperativa Integral, que es una entidad de ahorro y crédito. Los UDIS, tal y como estaban funcionando en ese momento, se volvieron ilegales y las entidades impulsoras del proyecto han dado un paso atrás para repensar y replantear el asunto.

Como decía, no ha surgido, como podría haberse esperado de un proyecto consolidadamente comunitario, la voluntad por parte de la red de seguir adelante con la moneda alternativa. No ha habido un intento por su parte de organizarse y buscar la manera de mantener la moneda y las ferias. Desde mi punto de vista, es una muestra de que el proyecto no llegó a ser colectivo o comunitario.

Cuando la propuesta viene de fuera, cuando es una entidad externa la que pretende implementar una moneda local (u otro proyecto) sin que la idea o la necesidad hayan surgido de la propia gente que va a participar, el esfuerzo es enorme. Hay que unir a la gente en colectivo, motivarlos, explicarles, capacitarlos. Las entidades sin ánimo de lucro impulsoras se responsabilizan de muchas partes del proyecto que el colectivo beneficiario podrían asumir. Cuando un proyecto es una iniciativa del propio colectivo, cuando el beneficiario es el mismo que pone el proyecto en marcha, la gente ya esta motivada, se capacitan entre ellos, y las cosas salen adelante incluso con mucho menos financiamiento.

En este proyecto en Ecuador, se renuncia a la democratización en la emisión del dinero, se renuncia a un dinero no intercambiable que circule el una red paralela, se renuncia a un dinero sustancialmente diferente que plantee una alternativa al dinero basado en deuda. Aunque los UDIS han tenido un impacto mediático enorme y por tanto se ha dado a conocer la existencia de las monedas locales, su impacto didáctico es limitado, porque no se entiende para qué hace falta otro dinero ni se generan realmente patrones diferentes de consumo.

Si la iniciativa de los UDIS hubiera prosperado, ¿merecen la pena todo el esfuerzo humano y el gasto “solo” para revitalizar la economía local? Quizás. Lo bueno es que la economía local también es la economía de las actividades productivas pequeñas y diversas, que generan muchos mas puestos de trabajo, y son mas robustas ante crisis. También, que se fomenta el sentido de comunidad y se forman redes que pueden convertirse en plataformas para futuras iniciativas mas ambiciosas y transformadoras.

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