Pages Menu
TwitterFacebook
Categories Menu

Posted by on jun 9, 2013 | 0 comments

Trueque en Argentina, el juego de dar y recibir

Trueque en Argentina, el juego de dar y recibir

Argentina vivió un cambio de siglo complicado. La crisis económica, con el corralito como punto álgido, criaba parados sin parar. La gente no tenía dinero. La clase más humilde y la clase media empobrecida estaban en situación desesperada.
Y en ese contexto empezaron a multiplicarse a lo largo y ancho del país las experiencias de trueque. La gente intercambiaba todo tipo de bienes y servicios masivamente, utilizando distintas monedas alternativas en papel. La red más importante fue la red global de intercambio, que funcionaba prácticamente en todo el país.
En ese contexto de crisis la gente quería trabajar, quería producir y también quería consumir, pero la falta de circulante estrangulaba la economía. Es decir, como hay poco dinero en los bolsillos de la gente (por ejemplo, los bancos no daban préstamos, o no dejaban a la gente sacar el dinero, los empresarios no invertían y la gente acumulaba dolares debajo del colchón) y como el dinero es el medio principal de intercambio, no hay intercambios, es decir, no se compran y venden cosas. Y entonces, al margen de los problemas estructurales económicos que pueda haber, hay un problema de que la gente no consigue comprar ni vender lo que necesita (incluida su fuerza de trabajo) no por falta de comprador o de vendedor, sino porque no hay dinero para hacer esas transacciones. Una moneda complementaria suple esa carencia: provee de un medio de intercambio al que la gente tiene acceso fácilmente, de esa manera desatasca la situación y, mediante el aumento de intercambios, las personas que participan tienen la posibilidad de comprar o vender lo que antes no podían. Esta explicación también se puede aplicar a contextos no de crisis general, sino de falta de circulante sectorial, en un cierto barrio, o en un cierto grupo de gente excluida (o que quiere excluirse, por qué no) del sistema monetario regular.

En Venado Tuerto, el caso que he conocido más de cerca, la cosa empezó igual. La crisis obligaba a buscar otros mecanismos de intercambio sin pesos argentinos. A Daniel Ilari, principal impulsor del trueque en esta ciudad, le rondaba la idea, se puso en contacto con otras experiencias y juntó un primer grupo de personas interesadas en montar la red de trueque, que se llamaría “El Juego de Dar y Recibir” y cuya moneda es hasta hoy, contabilizada en puntos. A los dos años de su nacimiento, en Venado Tuerto participaban 2000 familias en el trueque. Había mercado de trueque casi todos los días, la gente intercambiaba bienes y servicios, “la oferta era variadísima, podías encontrar de todo”.

El trueque había adquirido una importancia tal que los comercios empezaron a aceptar puntos parcialmente y hasta el municipio aceptaba el pago de impuestos, también parcialmente, con puntos que después distribuía en forma de subsidios a gente en situación extrema de necesidad.
Lo más duro de la crisis pasó y poco a poco la gente tenía menos necesidad de recurrir al trueque. Ya podían vender su trabajo en el mercado laboral formal y podían comprar también en pesos. El trueque en Venado Tuerto se fue desinflando hasta estabilizarse en las 130-150 familias que hoy siguen participando. A nivel nacional, este desinfle fue prácticamente absoluto. Lo que queda del trueque en Argentina es residual en comparación con lo que fue. A la recuperación de la economía se le suman otros factores explicativos como el exceso de emisión y la corrupción del sistema por parte de quien pretendía sacar un beneficio, en pesos, del trueque. En Venado Tuerto el trueque no estaba vinculado a la red global y no se dio, como en muchos otros sitios, el fatídico proceso de pérdida de confianza. La red menguó, pero sigue funcionando, con tres mercados semanales hasta hoy.

Fui a ver uno de los mercados un viernes, que es el día que más gente viene. Unas 80 personas llegaron con su bolsas llenas de cosas para vender. Una mayoría abrumadora de mujeres, y bastantes niños, niñas, jovencitos y jovencitas. Sobre las mesas y sillas donde cada uno exponía su mercancía, mucha ropa y también comida: pan, bollería, alfajores, zumo. Normalmente Daniel trae también aceite o azúcar. La comida es lo que más demanda tiene, así que se acuerda que cada uno solo puede llevarse una unidad de cada.

Miro a la gente y comparo mentalmente con el mercado de intercambio de gracia al que yo solía ir en Barcelona. Allí era, generalizando, que siempre es peligroso, gente de clase media con una motivación ideológica para estar en el intercambio. Aquí son gente humilde de barrio con una motivación práctica. Ahora, y sobretodo en los momentos de más auge del trueque, la gente viene a por cosas que en pesos no podría permitirse. En algunos casos, todo, porque lo que muchos podían permitirse en pesos en los peores momentos de la crisis era nada. Eso explica que a medida que la gente vuelve a tener acceso al mercado regular vaya participando menos en el trueque. Una vez perdida la motivación práctica y a falta de una motivación ideológica, ya no hay por qué seguir con el trueque. Aunque no tiene por qué ser así siempre, como muestra la experiencia de Venado Tuerto.

Sí hay otros motivos por los que la gente va cada semana, o varias veces por semana, al trueque. Después de tantos años ya se conocen todos, así que hay que viene “a ver a las amigas”. Es un espacio inclusivo, (lo que no termina de conseguir, según nuestra percepción cuando los conocimos, la gente del CES en Sudáfrica), y cumple un bonito papel terapéutico. Las personas excluidas del mercado laboral formal encuentran un espacio en el que descubren que pueden hacer algo que sirve a los demás, se reconocen útiles para el resto del grupo.

Resumiendo: estamos ante un ejemplo de moneda alternativa en que no hay un cuestionamiento del sistema monetario imperante, de su carácter no democrático o los problemas que conlleva para la sostenibilidad ambiental. No existe esta carga ideológica y por lo tanto la moneda complementaria tampoco está cumpliendo una función didáctica en ese sentido. El planteamiento desde lo ideológico de este tipo de monedas es parcial, solamente social, centrado en la problemática de no poder acceder al mercado del dinero en la medida de lo deseado, en un contexto concreto.
Oxidación
Una de las características más llamativas de la experiencia en Venado Tuerto, es que la moneda se oxida. Siguiendo, como muchas otras monedas alternativas del mundo, las ideas de Silvio Gessel, los puntos de Venado Tuerto pierden valor con el tiempo. Todos los billetes tienen una fecha de caducidad. Llegada esa fecha cada persona canjea todos sus puntos caducados y se le dan puntos nuevos, pero restando el 10% del valor. Por cada 10 puntos viejos se le dan 9 puntos nuevos.

¿Por qué se hace esto?
El dinero tal y como lo conocemos tiene un valor, tiene interés positivo. Uno deposita dinero en un banco y al cabo de un tiempo le devuelven su dinero más los intereses. Eso promueve la acumulación y hace que los que tienen dinero tengan más, es decir, acentúa las desigualdades. En cambio las monedas que se oxidan son monedas con interés negativo. La acumulación de dinero no solo no resulta beneficiosa sino perjudicial, puesto que el dinero pierde su valor (de manera similar a las situaciones en que la inflación es tan alta como para anular el efecto retributivo de los intereses). Dado que la función principal de estas monedas complementarias es circular donde el dinero regular se atasca, la oxidación es una herramienta que refuerza esta función: la gente no quiere quedarse con el dinero y tiende a utilizarlo.
Hay quien dice que el interés negativo, precisamente por esta tendencia de la gente a no acumularlo sino gastarlo, fomenta el consumo superfluo e innecesario. Si el consumismo es uno de los males de nuestra sociedad, nuestra moneda ideal no debería fomentar el consumo por encima de las necesidades. Tampoco debería fomentar la acumulación ni las rentas al capital. Por eso a nosotras la opción que más nos convence es la de las monedas sin intereses, ni positivos ni negativos.

Post a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *