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Posted by on feb 14, 2013 | 0 comments

Tontines: la soberanía financiera de las mujeres africanas.

Millones de personas en el mundo están fuera del sistema financiero formal. Instituciones y ONGs prefieren decir que están excluidas del sistema financiero formal. Y como la exclusión es mala, hay gente buena, desde Yunnus hasta el Banco Mundial pasando por multitud de agentes públicos y privados de (co)operación para el desarrollo, dispuesta a poner en marcha todo un sistema de microcréditos en nombre de la inclusión. Algunos llamarían a eso bancarización: absorción por el sistema de quienes aún tienen un pie fuera.
Se habla de ellos cuanto menos mejor, pero existen, por supuesto, mecanismos de ahorro y financiación fuera del sistema bancario y fuera también del asistencialismo. Experiencias colectivas y comunitarias para el ahorro, el crédito y la ayuda mutua. Un ejemplo africano son las tontines.
Hemos estado con ellas en Tanzania, en Senegal y en Gambia, aunque la historia que vamos a contar, la de las mujeres que, ante la exclusión, se unen para organizar su propia alternativa, se extiende a muchos otros países del continente africano desde hace siglos.
En Guinea Ecuatorial, Camerún y Gabón se llaman Ndjengué, Ndjangui, Esuan o Alason. En Nigeria lo llaman meeting, y en los dos Congos Likelemba. En algunas partes de Senegal se llama mbotaye y en Suráfrica Stokvels. Nosotras usaremos Tontine, muy utilizado en toda África francófona.

En el grupo Al Ouma, en Dakar, nos cuentan que las mujeres, en especial las de menos recursos, no tienen fácil acceso al sistema bancario formal. La tontine es un mecanismo de ahorro alternativo, informal y efectivo: cada miembro aporta periódicamente una cantidad que le será devuelta toda a la de vez. Con ese dinero, las mujeres pueden invertir en sus pequeños negocios o enfrentarse a gastos excepcionales como una boda o un viaje. En algunos casos, como Chawamo, que conocimos en Dar es Salaam, Tanzania, parte de lo recaudado se destina a un bote común del que las socias pueden recibir préstamos o incluso donaciones, siempre según lo que se decida en asamblea.

Maimuna nos cuenta cómo funciona su tontine en Kololi, Gambia. Una vez por semana las 200 mujeres se reúnen. Cada una hace una aportación de 25 Dalasis (unos 50 céntimos de Euro) y la secretaria registra todo en un libro de cuentas. Todo el dinero recaudado ese día se le da a la ganadora de la tontine, que se elige por sorteo entre las que lo hayan pedido. Es un sistema rotativo: quien se lleva el dinero no puede volver a entrar en el sorteo hasta que les haya tocado a todas. Esta semana Maimuna no opta a la tontine porque prefiere esperar a septiembre, cuando se le acumulan los gastos escolares.

Así, la tontine también es un grupo de apoyo mutuo al que las mujeres recurren si se encuentran en dificultades, sean financieras o de otro tipo. Es un espacio para relacionarse entre vecinas y amigas. Un espacio de confianza, ingrediente central para que funcione la tontine, puesto que los dineros van y vienen sin más garantía que la palabra de cada una de las socias. Ingrediente escaso entre hombres, según nos dicen ellas y ellos.

Como aquí no hemos oído hablar mucho, o nada, de esto, tenemos la tentación de pensar que debe ser residual. Suele pasar cuando las protagonistas son mujeres, cuando las protagonistas son pobres, suele pasar cuando las protagonistas están en un país catalogado como retrasado y se organizan sin necesidad de un cooperante occidental que les enseñe. Suele pasar con las cosas que ocurren fuera del mercado, perdidas en el oscuro pozo de la economía informal, que por informal de paso también debe ser insignificante e invisible. El caso es que se trata de una práctica tradicional, fuertemente arraigada, en la que participa una mayoría de mujeres y que mueve por encima del 30% del PIB en muchos países africanos.

Es decir, allá donde hay tontines, una parte muy importante del capital que circula no pasa por el banco ni por los circuitos de especulación y escapa al control de BM y del FMI. Todo ello sin un solo contrato legal, basado exclusivamente en la confianza de la comunidad. Y se presta sin interés.
¿Necesita África ser bancarizada?

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