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Posted by on mar 19, 2013 | 0 comments

Suubi Center: empoderar a la comunidad

Nuestro viaje empieza en África, en Uganda. Este es un continente que recibe una cantidad inmensa de voluntarios, cooperantes y fondos, de la mano de ONGs y entidades públicas de todos los tipos y tamaños. Y esta cooperación no siempre es adecuada y beneficiosa. Estamos contentas de abrir el proyecto Permact mostrando un ejemplo de desarrollo rural comunitario, que cuenta con la colaboración de una ONG australiana, pero impulsado desde dentro de la comunidad y que pretende ser autosuficiente.

Desarrollo comunitario: una lección de autonomía.

Conceptos clave: desarrollo comunitario | cohesión | comunidad | autonomía |

Suubi es un centro de desarrollo comunitario, en Lubanda, un pueblo que google no sabe encontrar en el sudoeste de Uganda.

Más que un proyecto, es un mosaico de proyectos aparentemente independientes: las mujeres consiguen ingresos vendiendo artesanías o cultivando y secando setas y participan en la rotación de lechones, un grupo de jóvenes cultiva plantas de café, y otro está montando un proyecto de panadería. La comunidad acude al centro a la nueva clínica o a aprender a usar el ordenador, a bailar, al taller de teatro, a participar en eventos deportivos o a la pequeña biblioteca. En las escuelas asociadas, reciben herramientas y formación para poder abastecerse de su propia huerta ecológica.

La diversidad de proyectos, dice David, director del centro, es fundamental. Para empezar, porque las personas tienen distintos potenciales y distintos intereses. A veces se nos olvida que elegir qué hacer, ya sea para ganarte la vida o para enriquecerla, también es un derecho, o debería serlo. Además, la diversidad es resiliencia, en el sentido que no puede haber un fracaso generalizado. Esto procura estabilidad económica y además evita la sensación de frustración cuando uno de los proyectos atraviesa dificultades.

Otra característica importante en Suubi es su planteamiento holístico. Hemos visto cómo los grupos de jóvenes que se crearon en torno a actividades deportivas y artísticas, después han emprendido proyectos productivos colectivos, y orientados a la comunidad, como el de plántulas de café o el de panadería. Y también hemos visto cómo las mujeres que participan juntas en proyectos de generación de ingresos ven mejorada su vida social y son más participativas y activas. En el proyecto de piggery también está claro que el desarrollo económico en Suubi está totalmente ligado al fortalecimiento y cohesión de la comunidad. En este proyecto, una mujer recibe un lechón hembra y lo cría. Cuando la cerda tiene crías, la mujer pasa dos de las cerditas a otras mujeres, que harán lo mismo. Por todo esto, nosotras decimos que Suubi es un proyecto de desarrollo comunitario.

Estamos en la zona rural. Aquí la gente no se muere de hambre: son autosuficientes con todo lo bueno y malo que ello conlleva. La mayoría de la gente que hemos conocido tiene una parte de tierra, donde planta los siemprepresentes plataneros, maíz, y verduras varias. En Suubi center, recogen agua de la lluvia y en el pueblo, la gente va al pozo. Hacen y cuecen sus propios ladrillos, para construir sus casas. Tienen tiempo para tejer alfombras de esparto y hacer cestas, y cualquier envase se reutiliza para alguna cosa. Al final no necesitan mucho dinero: compran arroz, algo de ropa, un cuchillo para toda la vida, crédito para el móvil… sobretodo nos hablan de las tasas escolares.

Muy probablemente, muchos de los habitantes de Lubanda están dentro de ese gran saco de los que viven con menos de un dólar al día, no creo que gasten más. Pero esto no es lo mismo que vivir en los slams de la ciudad y tener un euro al día para comprar la comida y pagar un alquiler a la mafia correspondiente. No son miserables, simplemente no tienen mucho dinero y no tienen cosas. No hay lavadora, no hay agua corriente, no hay tele. En las escuelas no hay ordenadores. Shamira tiene una muñeca hecha con dos palos. Solo hemos visto un balón en todo el pueblo.

La idea de Suubi es la de desarrollar un abanico de actividades que generen un ingreso complementario que les permita vivir tranquilos, pudiendo pagar lo que necesitan comprar, para no tener que depender de donaciones ni tener que marcharse para buscar un empleo en la ciudad.

Al contrario de las recomendaciones desarrollistas que siempre han llegado desde los países ricos, parece que el futuro de esta comunidad no es el de monetizar sus vidas, pasar de la economía de auto-consumo a la de compra-venta. Yo diría que su objetivo es afianzar un modo de vida rural, digno y autónomo, donde el alimento, la salud y la educación estén garantizados.

En nuestro sistema, la mayoría vivimos totalmente sumergidos en la economía monetaria. Vendemos prácticamente toda nuestra fuerza de trabajo y luego lo compramos casi todo. No cultivamos, no cosemos, pagamos para que limpien nuestra casa y no tenemos tiempo de cuidar a nuestros niños. Tendemos a cocinar menos, nuestro ocio se va mudando de la naturaleza al centro comercial y cada vez sabemos hacer o arreglar menos cosas. Con la crisis, nos damos cuenta que también vendimos nuestra autonomía. Nosotros, los urbanitas del norte, sin dinero no somos pobres, somos miserables. Por eso dependemos tanto de que las empresas “generen empleo” [y si una empresa genera empleo entonces eso es bueno sin que importe nada más] y de que la banca no se hunda. Quizás nosotros deberíamos caminar más en la dirección de la emancipación que ellos en la del desarrollo económico mal entendido.

En el libro [Piratas y pateras, Vicent Boix, Icaria] se explica cómo los inversores y gobiernos de los países ricos están acaparando tierras en África, incluida la especulación correspondiente, por supuesto. En ellas, cultivan alimentos para la exportación y materias primas para agrocombustibles. Éste macro-negocio, que a menudo conlleva expulsión de pueblos de sus tierras, apropiación ilegal de tierras comunales y corrupción, se justifica y maquilla con argumentos clásicos de desarrollo y eficiencia. La realidad humana, que no los cuentos en papel, habla de campesinos que abandonan esta autonomía, este alto grado de autosuficiencia que vemos en Lubanda. Venden sus tierras y pasan a trabajarlas a cambio de un salario o abandonan sus cultivos de autoconsumo por cultivos que venderán a un intermediario y que acabarán alimentando a nuestras vacas y nuestros coches. Lo que pasa luego no es nuevo, se repite desde la época de las repúblicas bananeras del Caribe: El contratista en un caso y el intermediario en el otro están en situación de monopolio en países que no protegen al campesino ni al trabajador y cada vez pagan menos por el trabajo o por los cultivos. Cada vez menos, cada vez menos… no hasta la pobreza, sino hasta la miseria.

 

Visualiza las fotos sobre esta iniciativa abajo:

IMG_1971

Sepa mas sobre la iniciativa en:

http://www.hug.org.au/suubi

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