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Posted by on jul 15, 2013 | 0 comments

Sistema autónomo zapatista, un ejemplo de auto organización

Sistema autónomo zapatista, un ejemplo de auto organización

Queremos hablar del movimiento zapatista dejando al margen esa imagen de indígena encapuchado con fusil que en esta página no encontraréis. Queremos hablar de una sociedad presente en gran parte del territorio de Chiapas que buscó una forma propia de organizarse socialmente. Es una lucha indígena más, entre todas las que en América Latina buscan enfrentar a un sistema ajeno que se los lleva por delante, los engulle, les quiere robar sus territorios y su identidad. En territorio zapatista funcionan un sistema sanitario y educativo, un sistema de gobierno y lo que podríamos llamar un sistema fiscal autogestionado que nacen de la marginación por parte sistema oficial. Veinte años después de aquel histórico 1 de enero de 1994, la sociedad que nunca tuvo acceso al estado del bienestar ofrece en sus “escuelitas” lecciones para las sociedades que ven como este se desmorona.

Una definición (la que yo habría dado antes de llegar a Chiapas)

Zapatistas: unos cuantos indígenas con fusil y pasamontañas que se hicieron famosos el primer día de 1994, cuando ocuparon 7 municipalidades en el estado mexicano de Chiapas.

Un poco de historia

El EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) llevaba 10 años en las montañas organizándose militar y políticamente, sus soldados insurgentes aprendiendo a leer, a hablar castellano y aprendiendo también eso de la igualdad de género. Decidieron, por votación desde las asambleas en las comunidades (pueblos), salir a las ciudades, aquel día simbólico de entrada en vigor de tratado de libre comercio con EE.UU. y Canadá. Declararon la guerra al gobierno mexicano, porque vieron agotadas todas las demás vías que pudieran cambiar la situación de los pueblos indígenas en Chiapas. Con todo el desprecio y racismo, los terratenientes los explotaban y los gobiernos los ignoraban. Vivían prácticamente como esclavos de los finqueros, eran analfabetos, estaban desnutridos y morían de enfermedades curables. Esta situación los había empujado a unirse al EZLN como guerrilleros o a apoyar a la organización desde las comunidades como milicianos o llevándoles comida, ayudando en lo que fuera. El EZLN crecía y maduraba en las montañas de Chiapas.

Aquel uno de enero los zapatista anunciaban sus demandas: “trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.”.

Tras 12 días de enfrentamiento directo entre EZLN y el ejército mexicano, también tras un masivo movimiento civil que reclamaba la paz, hubo un alto el fuego y se abrió una etapa de diálogo. El EZLN no se ha dispersado ni ha entregado las armas, pero desde aquel 13 de enero de 1994 no las ha vuelto a utilizar. Los zapatistas cerraron la puerta de la violencia y no la han vuelto a abrir, escuchando la voluntad del pueblo y de las bases.

Por su parte, el gobierno acudió a su cita con en diálogo en febrero de 1995 con 60.000 militares. No solo militarizó la zona, también participó activamente en la formación de grupos paramilitares armados y mantiene estrategias basadas en tergiversaciones de información y sobornos para dividir a la población. A pesar de ésta traición de Cedillo (así la llaman ellos) del 95, se siguió intentando la vía del diálogo y al año siguiente se firmaron los acuerdos de San Andrés. El gobierno hasta hoy no ha cumplido su promesa de elevar a ley esos acuerdos que supondrían el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en la constitución. Los acuerdos quedaron en papel mojado.

Y después de los engaños, la decepción, los abusos y la indiferencia ante las manifestaciones, las marchas y hasta una consulta popular; después de tanto esfuerzo estéril, los zapatistas llegaron a la conclusión de que la clase política básicamente les tomaba el pelo y los tomaba por idiotas. Cerraron también la puerta del diálogo con el gobierno.

Y abrieron la tercera puerta: la de la autonomía.

Sistema autónomo

En lo político, los zapatistas no reconocen las autoridades oficiales ni la validez del sistema mexicano de (supuesta) democracia representativa. En cambio, funcionan con un sistema de gobierno autónomo propio, que es el resultado de un proceso de los últimos 10-15 años en que el zapatismo ha separado lo militar de lo político, judicial y social.

Para entender esto, primero tiene que quedar claro que el zapatismo, que podríamos decir que surgió como una guerrilla, es, desde hace ya muchos años, un movimiento popular (para los que vivimos en el estado español es difícil recordarlo, pero popular significa del pueblo). Los militares, o guerrilleros, o como ellos les llaman, insurgentes, del EZLN, cada vez son menos el centro del movimiento y más la facción militar que lo protege, con armas, pero sin usarlas. Como dicen en “La Sexta“: “son soldados para que no haya soldados”. Están ahí para proteger el movimiento, la revolución, que no es la suya, de los soldados, sino la de las comunidades y los pueblos.

Desde que se cerró esa segunda puerta de búsqueda de soluciones dentro del sistema establecido, el EZLN se ha centrado en este proceso de dejar en manos de las bases, del pueblo, toda la responsabilidad política y de organización social. Poco a poco, surgieron los municipios autónomos y hace diez años se fundaron los cinco caracoles y las cinco Juntas de Buen Gobierno. Y se establecieron los principios para diferenciar un buen gobierno de un mal gobierno:

  1. Servir y no servirse.
  2. Representar y no suplantar.
  3. Construir y no destruir.
  4. Obedecer y no mandar.
  5. Proponer y no imponer.
  6. Convencer y no vencer.
  7. Bajar y no subir.

Las autoridades responsables de hacer funcionar todo se eligen en las asambleas, en tres niveles: comunidad, municipalidad o región, y van rotando en turnos de tres años. La idea no es que el que está más preparado tiene que gobernar, sino que todos deben gobernar y aprender. No es una competición por el poder, es un ejercicio colectivo de aprendizaje y empoderamiento. Todos los (o el máximo número posible de) miembros de la comunidad, y en particular también las mujeres, deben toman su parte de responsabilidad y participar del sistema autónomo como autoridad, o en la comisión de vigilancia, o como promotor de educación o de salud.

¿Y esta estructura para qué? Para construir y proveerse ellos mismos de “todo lo que nos hace mantener con vida a nuestros pueblos”. Las trece demandas con las que un día fueron a pedir a los que mandaban ahora ya no se las piden a nadie. Lo construyen ellos, porque “el cambio no se logra desde el gobierno, sino que el cambio se logra desde las bases”.

Antes pedían escuelas con un mínimo de decencia a las que un maestro efectivamente llegara a enseñar. Ahora cada comunidad tiene su escuela primaria autónoma zapatista, con sus sillas y pizarras y libros y cada comunidad tiene sus promotores de educación capacitados en los caracoles. En los caracoles y en muchos municipios ya tienen escuela secundaria también. Todavía es precario, pero es mucho mejor que lo que había antes, que era prácticamente nada, y ahora es suyo, fruto del esfuerzo que hacen ellos mismos por sí mismos y por sus hijos.

Antes pedían atención médica. Ahora todas las comunidades tienen promotores de salud, parteras, hierberas y hueseras. Tienen centros de salud y hasta hospitales en los caracoles.

Antes pedían tierra. Ahora gestionan de manera ejidal, comunal, las tierras recuperadas a los finqueros hace 20 años.

Ya no piden nada. Piden respeto y piden que los dejen en paz.

Financiación del sistema autónomo

¿Y cómo se financian el gobierno autónomo y el sistema de salud y educación? Hay una parte importante que viene de ser famoso mundialmente y haberse sabido “vender” muy bien. Aunque el verdadero mérito está en haber sabido aprovechar bien los proyectos y donaciones de los “hermanos solidarios” para poner en marcha trabajos colectivos: principalmente cultivos colectivos, ganado y tiendas.

El objetivo de estos trabajos es precisamente no depender de las donaciones. “Tenemos que ver qué vamos a hacer cuando ya no llegue apoyo de otros compañeros, tenemos que pensar en trabajos colectivos”. Estos trabajos dan unos ingresos que nunca son para repartir entre las personas que lo sacan adelante. Los beneficios se utilizan para los transportes de los representantes y otros gastos de las Juntas de Buen Gobierno y las autoridades locales: desde las láminas del techo de la oficina hasta un ultrasonido para la clínica pasando por los libros y tizas para las escuelas.

¿Y para los sueldos de los promotores de salud y educación y de las autoridades? Pues no, para eso no, porque nadie cobra en dinero.

Lo bonito de la manera en que han decidido organizarse es que internamente es un sistema no monetario. Y no podía serlo de otra manera. Si han decidido que ya no quieren pertenecer a un sistema que les margina, entonces no tiene sentido construir el suyo sobre la misma base y seguir utilizando la misma herramienta de sometimiento: el dinero, que además para ellos es tan escaso. La economía familiar campesina es muy próxima a la de subsistencia, es decir, producen lo que consumen, venden poco y compran poco. No tendría sentido copiar el modelo que obliga a las familias a orientar la producción a vender más y guardar en casa menos, para pagar impuestos o servicios públicos con dinero. La autonomía, por definición, implica desligarse del dinero, porque el dinero es la esencia del sistema, es su lenguaje, es por donde nos tienen agarrados a todos. Autonomía es soltarse y hablar otro idioma, o por lo menos ser bilingüe.

Los zapatistas ponen esto en práctica. Y no es que la familias no paguen impuestos, sino que el impuesto se paga en trabajo, en horas de trabajo colectivo. Y no es que los promotores de salud y educación no reciban, o que los que están cumpliendo su turno como autoridad política no coman porque no tuvieron tiempo de cuidar su milpa. En vez de dinero, reciben grano del cultivo colectivo, o sus vecinos y compas trabajan su milpa cuando él o ella hace su trabajo al servicio de la comunidad.

Otra definición (la que humildemente ofrezco después de pasar por Chiapas)

Pues no, resulta que los zapatistas no son un puñado de indígenas con fusil y pasamontañas que hace veinte años pusieron a Chiapas en el mapa. Resulta que son miles de ciudadanos que ante un sistema injusto, ante la imposibilidad de cambiarlo, entendiendo que no se trataba de intentar buscarse un hueco dentro, forman y siguen construyendo un sistema social alternativo, que les funciona mejor que el anterior. Y nosotros, la generación más preparada de nuestro país, o de Europa, en el 15M, en las manifestaciones, en los colectivos y en foros sociales, en la cooperativa integral, sin saber que hacer con nuestro sistema injusto y con la imposibilidad de cambiarlo. Con razón este año los zapatistas han montado la escuelita: tienen mucho que enseñarnos.

 

 

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