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Posted by on ago 12, 2013 | 0 comments

IMAP y RISEP guardianes de semillas guatemaltecos

IMAP y RISEP guardianes de semillas guatemaltecos

La agricultura industrial, hija de la revolución verde, todavía se presenta como más eficiente, se jacta de producir más y ha conseguido anclar en el imaginario colectivo que otra agricultura no sería capaz de alimentar al mundo. Sin embargo, desde el punto de vista energético, es el sistema menos eficiente en toda la historia de la agricultura. Necesita una cantidad de petróleo (por la mecanización, para fertilizantes, transporte… ) que la hace una agricultura sin futuro, que seguro segurísimo no va a poder alimentar al mundo (nunca lo hizo, dicho sea de paso). Solamente es capaz de producir más intensamente, utilizando muchos recursos, durante un periodo limitado de tiempo y a costa de degradar la tierra.

Los ingredientes básicos son: monocultivo (preferentemente en grandes extensiones); mecanización; fertilizantes, herbicidas e insecticidas sintéticos y semillas patentadas y estériles.

Las semillas se cruzan, se seleccionan y en algunos casos se modifican genéticamente para optimizar la producción por unidad de superficie. El resultado se patenta y las semillas se hacen estériles, es decir, de la cosecha no se puede guardar semilla para la siembra siguiente. Si se plantan las hijas de estas semillas las plantas no dan fruto. ¿Por qué se hace esto así? Para que el campesino tenga que comprar semillas cada año. Sino, ¿cómo va a recuperar la empresa (Monsanto, por poner el ejemplo más probable), las horas de laboratorio invertidas en crear esta supersemilla al servicio de la alimentaron mundial?

Muchas veces, el pequeño campesino compra esta semilla o, mejor, el gobierno se la regala junto con el fertilizante y los venenos (lo que en Guatemala se lama el paquete tecnológico). Y al año siguiente este campesino ya no puede utilizar semillas guardadas de su cosecha, porque las semillas eran estériles. Tendrá que volver a comprar la semilla de nuevo. Así, se ha dado un proceso a nivel global en las últimas décadas en que cada vez hay menos campesinos que conservan sus semillas. Y las variedades locales se van perdiendo.

Los distintos colectivos de la RISEP (Red de Intercambio Solidario y Ecológico de Petén), la pastoral, la gente del IMAP (Instituto Mesoamericano de Permacultura) que conocí a orillas del lago Atitlán, trabajan motivados por una misma idea. Tras décadas de expectativas incumplidas, ha llegado la hora de ignorar los cantos de sirena desarrollistas y decidir los indígenas y campesinos guatemaltecos su propio futuro y construir su propio camino. Ya no van a seguir intentando adaptarse y ser aceptados en un sistema que los margina. Es hora de valorar lo suyo y de rescatar antes de que se pierdan del todo los sistemas de cultivo que cuidan la tierra y las semillas criollas adaptadas al medio local.

La meta es, una vez más, ser más autónomos y ser cada vez menos dependientes del sistema (y por lo tanto también del dinero). La estrategia, generar procesos y sistemas productivos autosostenibles. Primer principio, un cultivo diversificado para no comprar comida. Segundo, recuperar las técnicas ancestrales en combinación con aprendizajes desde la agroecología para cuidar la tierra, mejorarla y mantenerla fértil sin necesidad de comprar fertilizantes. Y como tercer eje fundamental, recuperar y conservar las semillas criollas, y no utilizar semillas de usar y tirar. Básicamente, lo que hacían nuestros abuelos y los suyos.

En RISEP se anima a los campesinos a conservar su semilla y facilitan el intercambio de las mismas. En el IMAP esto mismo se hace un poco más formalmente por medio del banco de semillas. ¿Qué es un banco de semillas? Es un lugar en el que se reunen, compran, venden, almacenan, intercambian, donan, fluyen las semillas criollas con el objetivo de rescatar las variedades aún no extintas, para mantener la agrobiodiversidad de la zona y como herramienta para posibilitar y recuperar una agricultura sostenible.

Por un lado, en el contexto local de crisis de producción y mercado de café en la zona de Atitlán, el banco de semillas brinda una opción a los campesinos, que obtienen un ingreso extra como promotores de semillas. En algunos casos, las semillas sirven como pago para el alquiler de una parcela, donde la familia de “guardianes de semillas” cultiva no solo las semillas, sino también sus verduras para consumo propio. El IMAP mismo es quién alquila estas tierras a familias de Pachitulul, donde se ubica la sede, y quién introdujo esta idea de utilizar las semillas como forma de pago. De nuevo, posibilitando una digna subsistencia al margen del sistema dinero. También como estrategia para asegurar la producción de semillas para nutrir y hacer funcionar el banco de semillas.[singlepic id=1341 w=500 float=center]

Por otro lado, el banco pone semillas criollas al alcance de todo el que quiera producir las variedades que siempre se trabajaron en estas tierras. Pude conocer a unas compradoras agradecidas, la asociación de mujeres en colores botánicos. Estas mujeres forman una cooperativa que desde los años 70 produce y vende ropa y tejidos, abarcando todos los pasos, desde recoger el algodón hasta el cosido final. Cultivan el algodón nativo y lo tiñen con tintes naturales. Y para esos tintes naturales cultivan plantas. Algunas ya no las encontraban por ningún sitio, y así llegó al IMAP un catalanet, Manel, que colabora con ellas y que se llevó algunas semillas de plantas tintadoras para las mujeres en colores botánicos.

 

Pero los beneficios de un banco de semillas no son solo locales. No solo está el campesino que encuentra la semilla de la variedad que no tenía, el que ahorra por conservar su semilla o el que produciendo semillas se genera un ingreso. Todos estos campesinos están haciendo además un servicio muy valioso globalmente, porque están preservando la agrobiodiversidad, que es está perdiendo, y que será imprescindible en el próximo escenario de cambio climático. Cuanta más diversidad de variedades haya, más adaptable será la agricultura. Y cuantas más semillas estén en manos del campesinado, menos poder habrá en manos de un puñadito de empresas, que se han dedicado a privatizar el patrimonio ya no humano, sino natural, “como si esta nuestra madre tierra, fuera una mercadería”.

Sepa mas sobre esta iniciativa en:

https://guardianesdesemillas.wordpress.com/

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