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Posted by on ene 3, 2015 | 0 comments

El arte de reciclar: Comunidad y medioambiente

El arte de reciclar: Comunidad y medioambiente

Viajando en bicicleta por el interior del Brasil, en el Estado de Tocantins, paramos en un pequeño pueblo llamado Conceiçao de Tocantins, con la intención de realizar alguna actividad medioambiental en la escuela. Lo que no esperábamos era encontrar un local con grandes letras escritas a mano que decían: “El Arte de Reciclar”.

Curiosos y expectantes por encontrar gente trabajando con residuos, entramos para informarnos de que se trataba. Eran un grupo de 9 mujeres de entre 55 i 70 años que trabajaban de forma autogestionada. Todo comenzó de forma espontanea, ellas forman parte de la comunidad católica del pueblo y la parroquia recibía muchas donaciones de ropa con las que no sabían que hacer, pues no todas estaban en buen estado ni había tanta demanda. Así que el párroco les propuso a este grupo de señoras trabajar con este material. Encabezadas por Nilda, una simpática y agradable mujer, consiguieron un pequeño local y la donación de 2 máquinas de coser de pedal, de gente que compró maquinas eléctricas y ya no necesitaba las usadas antaño.

Empezaron 4 señoras, haciendo colchas, pantalones, tapetes, bolsas… entre otros productos, que vendían a la gente del pueblo, haciendas y de los alrededores. Viendo el éxito, ampliaron el numero de trabajadoras a 9 y buscaron un local mayor. Ellas se autogestionan las horas de trabajo de cada una y las funciones que van a realizar, sin ser muy conscientes de ello montaron una cooperativa que les permite ganar lo suficiente como para mantenerse, ayudar a la familia y colaborar con la comunidad de la que forman parte.

Nos gustó ver que, por el hecho de trabajar con residuos, vieron el valor añadido de lo que estaban haciendo, contribuyendo con el medio ambiente, puesto que si ellas no lo reaprovecharan todo este material acabaría en el vertedero del pueblo contaminando el subsuelo y las aguas del lugar. Esa reflexión que parte desde la acción tiene mucho valor pues llega fruto de la propia experimentación, haciendo cambiar el valor de las cosas, eso que antes no servía para nada, después de un poco de dedicación se convierte en un objeto nuevo y valioso. Nos contaron que viendo el éxito que tenían, otras personas se pusieron a reaprovechar otros materiales como botellas de plástico… con las que hacían objetos que estaban a la venta en ese local. Recibían también visitas de las escuelas del pueblo, ellas les contaban lo que hacían y la importancia de cuidar del medio ambiente. Ellas nos decían que quedaban muy felices de ver el interés de los niños y jóvenes haciéndolas sentir valoradas y seguro que los niños se llevaban un lindo aprendizaje de esa interacción.

Una vez mas, quedó demostrado que por muy pequeño que sea el proyecto, el poder de transformación que tiene es incalculable y que es de esos lugares de donde proviene el cambio real y consciente que necesitamos para crear el mundo que soñamos. Lo único necesario para emprender son las ganas y la voluntad de hacerlo, las posibilidades infinitas, solo limitadas por nuestra propia imaginación.

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